Cuando en una estructura no fluye adecuadamente la información, ésta es débil, muy fácil de abatir. Y en muchas ocasiones, donde se produce el bloqueo informacional es justamente en la cúspide la pirámide jerárquica, pues cada vez el volumen de datos recibidos de su entorno tiende a ser menor, convirtiendo la estancia en la poltrona en un auténtico limbo. Cuando nos preguntamos atónitos "¿Cómo es posible que ocurra esto?", la respuesta con más viso de ser apropiada es la de que quien se tiene que enterar de lo que pasa, simplemente lo desconoce. Consecuentemente, cuando se decide a actuar, suele llegar tarde.
El "bloqueo informacional" en estructuras con un cierto grado de jerarquización puede venir dado por múltiples factores, pero el que más destaca, con frecuencia, es el que hace referencia justamente a quien está arriba.
Lo peor que puede ocurrir cuando se administra o se gobierna es autocrearse, pues ciertamente siempre se trata de una autogeneración, una torre de marfil que impida conocer qué se está viviendo de verdad en el exterior. Y por "exterior" debería entenderse no sólo lo que hay más allá de la estructura que se regenta, sino también en los diversos estratos de la misma.
Bien, ese bloqueo sin duda acaba impactando profundamente tanto en la productividad de los sujetos a la órdenes como en la consecución de resultados globales. A veces, la consecución de un logro, de un éxito, de una victoria únicamente sirve para prolongar la agonía de una dinámica que se autoconsume. En realidad, es un comportamiento estructural, ya sea institucional u orgánico, autodestructivo por completo.
Hagamos ahora una breve reflexión. Un líder o un jefe, que sea conocedor de los síntomas que se van revelando en este proceso, deberá actuar de inmediato. Miren, existe una regla de oro que se puede extraer de muchas experiencias históricas. Ésta es: la relación entre el grado de bloqueo estructural a nivel de información y ritmo de precipitación de las mismas es directamente proporcional. Por tanto, la caída se acelera a medida que el flujo disminuye, aunque en el seno de la organización o institución, y empresa, no se percibe por igual en todos los niveles. Aquí la razón se invierte, pues mientras más arriba nos encontremos menos conscientes seremos de que el edificio se tambalea y se desmorona.
Un líder, un jefe, al que sea difícil acceder y al que con gran excepcionalidad le lleguen ideas válidas desde los estratos inferiores; un líder que sea capaz de mostrar cierto desagrado si se cuestionan racionalmente sus decisiones; un líder, un jefe, que se valga siempre de los mismos confidentes, y que éstos a su vez sean su principal, cuando no la única, fuente de información; un líder, un jefe, que no dilucide consigo mismo, sembrando el desconcierto y la inseguridad entre quienes les rodean, estará tirando por la borda su presente, a la vez que sus posibles "validos" estarán firmando, aun sin querer reconocerlo, su finiquito.
viernes, 5 de octubre de 2007
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