No dejo, en el mejor de los casos, de asombrarme, cuando no paso a la estupefacción o la más absoluta incredulidad al toparme con análisis sobre el proceder de los actores políticos, o de cualquier otra índole, centrados en una sola perspectiva: ésta es, la del actor en cuestión. Y enfatizo el hecho de que no deja de sorprenderme porque suelen ser exámenes a partir de los cuales se suelen sacar conclusiones de una forma altamente precipitada.
Sin embargo, escrutar la conducta de un individuo que ocupa un papel relevante en el tejido social no implica tan sólo describir lo que hace, sino en averiguar por qué lo lleva a cabo, con qué propósitos y qué otras alternativas tenía. En alguna ocasión que otra mis alumnos me han cuestionado sobre cómo es posible predecir, con cierto grado de exactitud, los movimientos que pueden llevar a cabo sujetos dentro de un esquema. La respuesta a este tipo de interrogantes nunca es fácil, pero cuando hablamos de relaciones de poder, siempre es factible bifurcarla en torno a dos sentidos: uno, que en verdad haya una finalidad, por lo que deberemos buscar razones racionales; dos, presumir que se trate de una acto reflejo, de "actuación en automático" sin objetivo preciso. Además de esto, también habrá que dilucidar si la acción emprendida es un medio o un fin en sí misma.
Pero incluso todas estas pesquisas podrían resultar insuficientes y, por tanto, ineficaces si no hemos realizado un estudio anterior, destinado a despejar toda duda acerca de cuál es la personalidad de los sujetos que abordamos.
Y esto resulta tremendamente importante, ya que conocer si, en efecto, un sujeto actúa en virtud de su propia percepción de los acontecimientos, o bien si se desenvuelve de acuerdo con la lógica expresada por sus adversarios, nos puede dar una imagen de su capacidad de penetración en la realidad y de su talento político.
Asimismo, el perfil psicológico de un personaje político atrae a unos seguidores y no a otros. Y, en bastantes ocasiones, el perfil es mucho más importante que la "marca". Éste es el motivo de por qué unos candidatos nunca serán ganadores, aunque el empeño y los recursos a su suposición sean vastísimos. La fuerza de los "clivajes" puede ser desactivada por el comportamiento del propio candidato. Es decir, no es paradójico que un candidato, sin ser consciente de ello, se haga campaña en contra.
De igual manera, si se estudia con detenimiento la modelación de los distintos discursos, se podrá observar cómo se potencia determinados rasgos narrativos que se corresponden con la personalidad exteriorizada, aunque también se revelará quién hay detrás. Los lapsus en el transcurso del discurso oficial muestran con qué lentes se está mirando y cuáles son las intenciones profundas de las palabras. Muchos pasan desapercibidos, si bien otros son clamorosos.
Por tanto, hay sujetos que son "animales políticos" natos, mientras que la mayoría, por el contrario, precisa de un entrenamiento muy exhaustivo. Ambos fracasarán si unos no sabe dominar sus potencialidades y poner en práctica sus facultades, o si los otros no son conscientes de sus limitaciones.
miércoles, 26 de septiembre de 2007
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