domingo, 12 de agosto de 2007

De asesores y políticos

¿Cómo perciben los políticos a sus asesores? Bueno, ésta parece una pregunta demasiado general, cuando no simple. En realidad, la respuesta depende del político y no del asesor, por lo que la interrogante se torna bastante compleja. Los rasgos psicológicos del político, su liderazgo en la formación y su capacidad de penetración en le tejido social determinarán sobremanera su disposición frente a sus asesores. Normalmente, el asesor suele prescribir fórmulas y actuaciones orientas por la prudencia, y también por la sagacidad, mientras que al político, pragmático por naturaleza, siempre le urge que los frutos maduren con rapidez, dejando la calidad de los mismos para mejores ocasiones.
Cuando existe una compenetración máxima entre asesor y político, destilándose incluso confianza personal, es la cohorte profesional que rodea al político la que puede ver amenazado su enclave, presintiendo neuróticamente pérdida de posición. Esta falsa percepción, que se vive como una experiencia muy angustiosa la mayor de las veces en defensa de no se sabe qué, tiende a incomodar gratuitamente la labor de quien protege los intereses de todos y cada uno de los que se beneficiarán de la victoria.
Resulta una exigencia imperativa que los miembros de cualquier equipo de campaña, comenzando por su máximo responsable, reconozcan que un asesor es, en todo momento, un recurso disponible, pero jamás competencia que entre en colisión con las aspiraciones del grupo. El político y su jefe de campaña deben coordinarse a la hora de establecer la necesidad de contactar con asesores externos especialistas no sólo en ciertos tipos de elecciones, sino también en ciertas materias sobre la misma. Distinguiendo entre "dirigir" y "conducir" una campaña, la experiencia demuestra que los políticos profesionales no son los mejores conductores, pues a veces las decisiones a tomar, aun no siendo plenamente vinculantes, involucran su destino personal en el seno de su grupo. Son los asesores quienes deben conducir, mientras que los políticos profesionales pueden dirigir.
Para que un asesor pueda dirigir conveniente los pasos de un político en una campaña, deberá conocer en profundidad la filosofía política que profesa el/la candidato/a. No es tarea de un asesor ocupar el lugar de los ideólogos, pero tampoco tiene que oponerse a los modelos socio-económicos y a los valores de quienes solicitan su servicios. Debe ser aséptico, desligando su visión personal sobre el mundo y la sociedad de su objetivo: ganar comicios.Un/a candidato/a clarividente sabe que las próximas elecciones comienzan cuando se cierran las urnas en el colegio electoral. Por este motivo, es de vital importancia recurrir a las enseñanzas de la historia política, que nos indica que quien desee alcanzar una victoria, ha de prepararla desde lejos. En consecuencia, hacerse con los servicios de un asesor a largo plazo es una exigencia fundamental para orquestar el porvenir. Como último apunte en esta breve serie, es un error mentir a un asesor, ya que siempre sabrá la verdad sobre los recursos con los que una formación cuenta para hacer su campaña.

No hay comentarios: