viernes, 17 de agosto de 2007

Moneda de cambio

Después de cada convocatoria electoral nos toca vivir cansina y hartamente un "déjà vu". Comienzan los "intercambios de cromos". Si ustedes los prefieren, podemos acudir a la conocida expresión latina "do ut des". No importa lo refinados que nos queramos poner, pues todos sabemos sobradamente a lo que nos estamos refiriendo. En este consistorio me faltan concejales para asegurar "mi gobierno", no pasa nada, ya que se pone en práctica la forma de intercambio más primitiva: el trueque. Se canjea un pueblo por otro o se tienta (que en argot significa "se establecen contactos") con sujetos caracterizados por su consentimiento elástico, y problema resuelto. Pero ¿la voluntad popular? ¡Que malsana es la costumbre de importunarnos con preguntas desagradables! En un sistema partitocrático se volatiliza con escandalosa facilidad.
El hecho objetivo es que se trata de ocupar poltronas, de manera que los mapas adquieran tonalidades cromáticas asociadas con las distintas formaciones en competición electoral. Es el "hambre de sillón", una avidez que en estos días que corren pertrecha las alianzas más inverosímiles. De hecho, "Roma paga a quien haga falta", y el Emperador y sus acólitos se regocijan en una auténtica bacanal de pactos. No hace falta desplegar una gran imaginación para sellar acuerdos: póngase encima de la mesa cargos remunerados por el vil metal y súbitamente se revelará un efecto narcotizante sobre ideologías y morales.
En realidad, la formación que se beneficia más de esta forma de hacer política no es otra que la disponga de más implantación institucional, ya que tendrá a su disposición recursos económicos suficientes como para asegurar la gobernabilidad de "sus territorios imperiales" mediante sátrapas que, en su gran mayoría, se saben de antemano no aptos para el cargo, pero he ahí la ventaja. Y éstos no dudarán, porque nadie en su sano juicio pondrá en peligro su puesto de trabajo hasta la próximas elecciones.
¿Se han cuestionado alguna vez lo rentable que sale crear un grupo independiente que se convierta en bisagra para formar mayoría? Parece una "contradictio in terminis", y lo es, pero hasta podría ser un negocio redondo. Ahora que está tan de moda eso del autoempleo, ¿qué mejor fórmula? Si se consiguen los concejales suficientes, entonces sólo cabe esperar relajadamente propuestas y elegir al mejor postor. ¿Puede tildarse de independiente a agrupaciones de electores que brindan su apoyo a formaciones políticas poderosas para que éstas sigan incrementando su hegemonía? ¡Qué triste es pedir el voto para acabar mendigando una misérrima cuota de poder! Una agrupación independiente nunca debe pactar, sólo llegar a acuerdos puntuales que beneficien a su localidad, permitiendo que gobierne la lista más votada.
Es el propio sistema electoral, que es terriblemente injusto y del que todos intentan beneficiarse con habilidad a cualquier nivel, el instrumento que prima sobremanera a grupúsculos que, salvo honradas excepciones, únicamente se representan a sí mismos, casi de forma familiar.

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